Mercurio

Bienvenidos al recorrido por los planetas. Empezamos con Mercurio, el más cercano al Sol. Imaginen que estamos viendo una esfera quemada y llena de cráteres… eso es Mercurio: un planeta pequeño, rocoso y castigado por el calor. De hecho, es apenas un poco más grande que nuestra Luna. No tiene atmósfera que lo proteja, así que su superficie recibe directamente el impacto del viento solar y de los meteoritos, lo que explica la enorme cantidad de cráteres que están viendo.

Aunque está tan cerca del Sol, algo curioso es que no es el planeta más caliente, porque no puede retener el calor. En Mercurio, el día puede llegar a temperaturas altísimas, mientras que la noche se vuelve extremadamente fría. Imaginen un lugar donde al amanecer podría derretirse el plomo, y al anochecer tendríamos temperaturas bajo cero.

Su órbita es rápida: Mercurio viaja alrededor del Sol en solo 88 días terrestres. Pero su rotación es muy lenta: un día en Mercurio dura casi dos meses de los nuestros. Esto provoca que sus amaneceres y atardeceres sean muy largos. Mercurio no tiene lunas ni anillos. Es un planeta sencillo pero fascinante, porque nos ayuda a entender cómo pudo ser el Sistema Solar en sus inicios. Su interior metálico, rico en hierro, hace que tenga un núcleo enorme en comparación con su tamaño.

Mientras lo observan en la esfera, imaginen un mundo silencioso, sin aire, sin nubes y sin vida, donde cada roca y cada cráter guarda la historia de miles de millones de años. Mercurio es el mensajero del amanecer del Sistema Solar.

Forma

Venus

Ahora pasamos a Venus, el planeta más parecido a la Tierra en tamaño… pero no en condiciones. Lo que verán en la esfera es un planeta cubierto completamente por nubes densas y brillantes. Esas nubes son de ácido sulfúrico, así que no permiten ver la superficie a simple vista.

Venus es el planeta más caliente del Sistema Solar, incluso más que Mercurio. Esto se debe a un efecto invernadero extremo. Su atmósfera es muy espesa y está formada casi por completo de dióxido de carbono, lo que atrapa el calor y lo mantiene atrapado. En Venus hace tanto calor que una sonda no sobrevive más de un par de horas.

Otro dato curioso es que Venus gira al revés. Mientras la mayoría de los planetas giran hacia un lado, Venus lo hace en dirección contraria. Además, lo hace muy lentamente: un día en Venus dura más que un año venusiano.

La superficie, aunque no la vemos directamente, sabemos que está llena de volcanes, montañas y grandes llanuras. Es un mundo activo en el pasado, aunque actualmente no estamos seguros si sus volcanes siguen funcionando.

Imaginemos lo que sería estar ahí: un cielo amarillo permanente, presión aplastante, calor extremo y sin posibilidad de ver el Sol de manera clara. Venus es un ejemplo perfecto de cómo un planeta parecido al nuestro puede evolucionar de manera totalmente distinta.

Es un mundo misterioso y hermoso, cubierto de nubes, que nos recuerda el poder que tiene la atmósfera en un planeta.

Forma

Tierra

Aquí está nuestro hogar: la Tierra, el único lugar del universo donde sabemos con certeza que existe vida. Lo que ven en la esfera es una mezcla de mares azules, nubes blancas y continentes de todos los colores. Nada parecido existe, hasta donde sabemos, en otro planeta.

La Tierra se encuentra a la distancia ideal del Sol para tener temperaturas adecuadas: ni demasiado caliente ni demasiado fría. Esto permite que exista agua líquida, elemento clave para la vida. Nuestra atmósfera, compuesta de oxígeno y nitrógeno, nos protege del frío del espacio, de los meteoritos pequeños y de la radiación dañina.

La Tierra no es completamente redonda: está ligeramente achatada en los polos y ensanchada en el ecuador debido a su rotación. Esa rotación, que tarda 24 horas, nos da los días y las noches. Su órbita de 365 días alrededor del Sol nos da los años y las estaciones.

Un elemento único es la Luna, nuestro satélite natural. No solo ilumina las noches; también genera mareas y ayuda a estabilizar la inclinación de la Tierra.

Nuestro planeta tiene volcanes, montañas, desiertos, selvas, glaciares, ríos y océanos que cubren más del 70% de su superficie. Es un sistema vivo y en constante cambio.

La Tierra es un recordatorio de lo frágil que puede ser la vida. Aunque sea solo un planeta más en el Sistema Solar, para nosotros es un milagro azul flotando en la oscuridad del espacio.

Forma

Marte — Guion de una cuartilla

Ahora viajemos a Marte, el famoso Planeta Rojo. Su color rojizo se debe al óxido de hierro que cubre su superficie, como si estuviera lleno de polvo oxidado. Es un planeta frío, rocoso y lleno de montañas gigantes, cañones inmensos y antiguos cauces de ríos.

Marte tiene la montaña más alta del Sistema Solar: el Monte Olimpo, un volcán tres veces más alto que el Everest. También posee un cañón enorme, Valles Marineris, que sería equivalente a atravesar todo un continente.

Una de las grandes preguntas sobre Marte es si hubo vida en el pasado. Hay evidencias de que alguna vez tuvo agua líquida: ríos, lagos e incluso océanos. Su atmósfera actual es muy delgada y no permite mantener calor, por eso Marte es muy frío. Pero esa atmósfera delgada también permite ver el cielo limpio y tormentas de polvo que pueden cubrir el planeta entero.

Marte tiene dos pequeñas lunas, Fobos y Deimos, que parecen asteroides capturados. Orbitan muy rápido y generan espectáculos interesantes desde la superficie marciana.

Hoy Marte es un centro de exploración: hemos enviado robots, satélites e incluso planeamos misiones humanas en el futuro. Es el planeta al que miramos cuando pensamos en colonizar otro mundo.

Marte es un desierto helado, pero lleno de misterios. Nos invita a soñar con el pasado y con el futuro de la exploración espacial.

Forma

Júpiter

Demos un salto enorme hacia Júpiter, el gigante del Sistema Solar. Es tan grande que dentro de él cabrían más de 1,300 Tierras. Lo que ven en la esfera no es superficie sólida: son nubes de gas que forman bandas de colores y remolinos gigantescos.

La característica más famosa es la Gran Mancha Roja, una tormenta del tamaño de nuestro planeta que ha estado activa por siglos. Júpiter es un planeta hecho principalmente de hidrógeno y helio, parecido al Sol. No tiene superficie donde aterrizar; si bajáramos en él, encontraríamos nubes, más nubes y una presión enorme que aplastaría cualquier nave.

Su campo magnético es el más fuerte de todo el Sistema Solar, y eso crea auroras impresionantes en sus polos. Júpiter gira muy rápido: un día dura solo unas 10 horas, aunque su año es muy largo, casi 12 años terrestres.

Pero quizá lo más interesante de Júpiter son sus lunas: tiene más de 90. Algunas de ellas, como Europa, Ganímedes o Ío, son mundos tan fascinantes que podrían albergar océanos subterráneos o volcanes activos.

Júpiter actúa como un "escudo" para la Tierra, porque su enorme gravedad atrae o desvía muchos objetos que podrían chocar con nosotros.

Es un planeta majestuoso, un gigante de gas que domina la parte externa del Sistema Solar.

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Saturno — Guion de una cuartilla

Ahora veamos a Saturno, famoso por sus anillos espectaculares. Es el segundo planeta más grande del Sistema Solar y, al igual que Júpiter, está formado principalmente por gases.

Sus anillos están compuestos de hielo, rocas y polvo. Aunque parecen sólidos, en realidad están formados por millones de fragmentos que orbitan a distintas distancias. Son amplios, pero muy delgados: si los pusiéramos sobre una mesa, apenas medirían unos metros de grosor.

Saturno es un planeta muy ligero: si existiera una piscina gigante, flotaría en ella, porque su densidad es menor que la del agua. Su atmósfera tiene colores suaves, con tonos amarillos y dorados que le dan un aspecto elegante.

Es un planeta rápido: gira en unas 10 horas, igual que Júpiter. Pero tarda casi 30 años terrestres en dar una vuelta al Sol.

Sus lunas también son impresionantes. La más famosa es Titán, que tiene lagos y ríos… pero no de agua, sino de metano líquido. Otra luna, Encélado, expulsa chorros de agua desde su interior, lo que sugiere un océano subterráneo.

Saturno es un símbolo de la belleza del cosmos. Sus anillos lo convierten en uno de los planetas más reconocidos y admirados.

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Urano

Seguimos con Urano, un planeta distinto a todos los demás. Lo primero que notarán es su color azul verdoso, debido al gas metano en su atmósfera. Pero lo más extraño es su inclinación: Urano está casi acostado. En vez de girar parado como los otros planetas, rueda como una pelota.

Esto hace que tenga estaciones extremas. Cada polo pasa casi 40 años en luz y luego 40 años en oscuridad. Su atmósfera es tranquila comparada con Júpiter y Saturno, aunque se han detectado tormentas gigantes en los últimos años.

Urano es un planeta helado“gigante helado”ficie sólida; está compuesto de agua, amoníaco y metano en formas muy frías y densas“gigante helado”llama un "gigante helado".

Tiene anillos, pero son muy delgados y oscuros. Y posee muchas lunas, más de 25. Algunas tienen formas muy extrañas y superficies que parecen armadas con pedazos de hielo.

Urano gira muy rápido: unas 17 horas por día. Pero su año es larguísimo: tarda 84 años terrestres en completar una vuelta al Sol.

Es un planeta silencioso, frío y misterioso. Su posición inclinada lo convierte en un caso único en el Sistema Solar.

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Neptuno

Por último, llegamos a Neptuno, el planeta más lejano del Sol. Es un gigante helado como Urano, pero su color azul profundo es más intenso, lo que lo hace muy llamativo en la esfera.

Neptuno es famoso por tener los vientos más rápidos del Sistema Solar, alcanzando velocidades que superarían cualquier huracán terrestre. Estos vientos forman manchas oscuras en su atmósfera: grandes tormentas que aparecen y desaparecen.

Aunque está extremadamente lejos del Sol, Neptuno genera mucho calor interno. No sabemos exactamente por qué, pero se cree que su núcleo rocoso libera energía lentamente.

Sus anillos son tenues y poco visibles, formados por partículas oscuras. Tiene 14 lunas conocidas, y la más grande, Tritón, es muy especial: orbita al revés, lo que sugiere que Neptuno la capturó en lugar de formarla junto con él. En Tritón hay géiseres de hielo que expulsan material al espacio.

Un día en Neptuno dura unas 16 horas, pero su año es increíblemente largo: 165 años terrestres.

Neptuno es un mundo lejano, frío y dinámico. Aunque parece un punto azul perdido en la oscuridad, guarda secretos que aún no comprendemos del todo.

Forma

La Luna

Bienvenidos ahora a nuestro satélite natural: la Luna. Aunque la vemos todas las noches, pocas veces pensamos en lo especial que es. En esta esfera estamos observando un mundo sin aire, sin agua líquida y sin clima, pero lleno de historia y marcas del pasado.

La Luna es más pequeña que la Tierra, aproximadamente una cuarta parte de su tamaño. Su superficie está cubierta por cráteres de diferentes tamaños, creados por impactos de meteoritos que han golpeado su superficie durante miles de millones de años. Como no tiene atmósfera que frene o desintegre estos objetos, cada golpe deja su huella para siempre.

También podemos ver grandes manchas oscuras llamadas “mares”. No son mares de agua, sino enormes llanuras de roca volcánica que se formaron cuando el interior de la Luna aún estaba caliente y activo. Para los primeros astrónomos parecían océanos, de ahí su nombre. Un dato curioso es que la Luna siempre nos muestra la misma cara. Esto ocurre porque gira sobre su eje al mismo tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor de la Tierra. A este fenómeno lo llamamos rotación sincrónica. Por eso existe un “lado cercano” que vemos siempre, y un “lado lejano” que fue desconocido hasta que llegaron las sondas espaciales.

La gravedad en la Luna es solo una sexta parte de la de la Tierra. Si saltáramos aquí, podríamos dar brincos enormes. Pero también sería un lugar silencioso y desolado: no hay sonido, no hay viento y el cielo siempre es negro, incluso cuando el Sol ilumina su superficie.

La Luna juega un papel fundamental en nuestra vida: regula las mareas, estabiliza la inclinación del planeta y ha sido el escenario del primer paso humano fuera de la Tierra. Es un recordatorio constante de nuestra conexión con el espacio.

Forma

Plutón

Ahora viajemos mucho más lejos, hasta los confines del Sistema Solar, donde encontramos a Plutón, un mundo pequeño, helado y misterioso. Durante muchos años fue considerado el noveno planeta, pero en 2006 se reclasificó como un planeta enano. Aun así, sigue siendo uno de los cuerpos más fascinantes que hemos explorado.

Lo que vemos en la esfera es una superficie compleja, con regiones muy claras y otras muy oscuras. Una de las más famosas es una zona brillante con forma de corazón llamada Tombaugh Regio. Esta área está formada por hielos de nitrógeno, monóxido de carbono y metano que se mueven lentamente como glaciares gigantes.

Plutón es extremadamente frío. Las temperaturas pueden bajar a niveles en los que casi todos los gases que conocemos se congelan. Su atmósfera es muy tenue y cambia dependiendo de su distancia al Sol. Cuando está más cerca, parte del hielo se sublima y forma una atmósfera ligera; cuando se aleja, todo vuelve a congelarse.

Una característica sorprendente es que Plutón tiene una luna muy grande llamada Caronte. Es tan grande en comparación con Plutón que ambos giran alrededor de un punto común fuera del propio Plutón. En cierto modo, forman un sistema doble.

La luz solar aquí es tan débil que un día en Plutón se ve como un atardecer permanente. Sin embargo, su superficie no es aburrida: hay montañas de hielo tan altas como montañas terrestres, zonas lisas como llanuras recién formadas y cráteres que revelan su larga historia.

Plutón tarda 248 años terrestres en completar una vuelta alrededor del Sol. Y su día dura unas 6 días y medio de la Tierra. Es un mundo lento, distante y bello, que nos recuerda que incluso en los rincones más lejanos del Sistema Solar hay sorpresas esperando a ser descubiertas.